Fresas con Nata

Capítulo 3

Amigas

Mis amigas

Siempre me sentí arropada por mis amigas; Sonia, Lina y Coral. Las tres somos muy diferentes entre sí, pero siempre, siempre, hemos estado ahí las unas para las otras. Ellas son la familia que elegí y de la que más me siento orgullosa. Sonia es toda inteligencia; Lina, toda sabiduría y; Coral, toda sentimiento. Como dice mi abuela, somos las cuatro jinetes del apocalipsis, allá dónde vamos, siempre dejamos huella; vamos, que la liamos parda ya sea para bien o para mal.

Conocí a Lina y a Coral en el colegio, íbamos a la misma clase, pero cuando mi madre pasó a una mejor vida económicamente, cambié de centro. Y mientras yo pensaba que eso era lo peor que me podía pasar, conocí a Sonia.

No voy a detallar el trascurso de nuestra amistad, pero solo diré que en cuanto presenté a Sonia a las chicas, no pudo ir mejor. Hasta día de hoy nos hemos mantenido fieles las unas a las otras.

La verdad es que, si no hubiera sido por ellas, no sé si hubiera soportado toda la trayectoria de mi vida.

    —¿Y asistirás a la comida? —Habíamos decidido pasar la tarde del jueves juntas, a dos días de la dichosa comida.

    —Claro, irá la prensa. —Reí irónica sin mirarlas a la cara.

    —No, en serio. ¿Has hablado con tus padres? ¿Con Helena? —Coral hizo que la mirara.

    —Mi padre me ha desvinculado de la preparación de la comida, que por lo que he oído y me han contado, parece que va a venir la reina a comer y; mi madre, debe estar demasiado ocupada invitando a la prensa a ver si consigue de una vez por todas que su hija, su reina, su mini ella, pueda salir en alguna portada que otra aunque nadie se interese por ella. —Sonaba dura, pero era lo que sentía realmente—. Y Helena… —Me encogí de hombros—. No he vuelto a saber nada más de ella. —Suspiré agotada.

    —¿Van a casarse? ¿En serio? No entiendo nada —Lina, desconcertada, me miraba buscando las mismas respuestas que yo andaba buscando.

Sonia, en cambio, permanecía al margen, escuchando, observando.

    —Pues…  —Fijé la mirada en el plato que tenía delante—. Si se casan bien y si no, también. —Las miré de nuevo encogiéndome de hombros—. ¿Qué otra cosa puedo decir o pensar? —No estaba bien, no, nada bien. Quería llorar y no tardé en hacerlo.

Enseguida las chicas me abrazaron y descargué toda mi frustración hasta que Coral soltó un comentario que me hizo reír tontamente.

    —Alguna explicación debe haber —por fin Sonia habló—. Algo verdaderamente justificable al comportamiento de Helena. Y si no es así, es que es mala persona y retorcida, o él. Puede que en un principio sí que sintiera algo por ti, que lo que vivisteis fuese real, pero… al conocer la vida adinerada de tu hermana, gracias a su papá, le interesase más que tú.

    —Puto dinero, siempre termina moviéndolo todo.

    —Todo no, solo lo que puede.

    —Puto dinero —me quejé de nuevo.

    —Nena, podías vivir como una reina si te lo propusieras, pero decidiste hacerlo de forma humilde. Tienes una buena carrera y ahí estás, ayudando a tu padre. —Lina se levantó.

    —Me gusta lo que hago —dije pensativa. —Aunque sé que el amor no está hecho para mí.

    —Ni para ti ni para nadie, guapa. Esto es como la muerte —hablaba Coral—. Nadie está preparado para sufrir y eso que se supone que sabemos de qué va. —Alcé la mirada. Coral es una persona que no se calla ni debajo del agua. Y si le das cuerda… peor. Ahí su discurso—. Sabes que algún día nuestros seres queridos van a morir y, aun así, no valoramos lo que tenemos hasta que deja de estar ahí para nosotros y aun así, seguimos llorando. En el amor, o como coño quiera llamarse eso, pasa lo mismo. Sabes que la ostia te la llevas tarde o temprano y aun así, necesitas arriesgarte.

Nos reímos. Reitero lo dicho por si ha sonado mal. Habla mucho, sí, pero si no fuera por ella, nuestros encuentros no tendrían esa chispa que solo Coral sabe darle.

    —Estamos diseñados para compartir nuestra vida —hablaba Sonia. —Somos un ser poco estudiado

    —Dios Sonia, eso ha sonado… —saltó Coral. —¿Qué somos? —Nos reímos—. Nunca estamos preparados para el batacazo que vas a llevarte tarde o temprano, o bien al principio con las mariposas revoloteando o bien cuando ya han madurado y están cadáveres en tu barriga oliendo a podrido —Nos reímos (repetitivo) ante su comentario.

    —Perdona, tú has debido pasarlo peor y yo no dejo de quejarme como una niñata.

    —Eres tonta —saltó Lina—. Esto no trata de quien lo ha pasado peor o mejor, o quien ha durado más o menos, esto se trata de sufrir por lo mismo.

    —Bueno, lo mío nunca ha sido amor, así que… —de nuevo hablaba Coral. Su tono se apagó—. ¿Seguimos hablando de tu hermana? —Las tres asentimos al ver que quería cambiar de tema.

Coral, ay, Coral. ¿Cuándo podrás hablar de aquello sin que se te rompa el alma?

Suspiré.

    —¿Creéis… que debería hacer como si no hubiese pasado nada?

    —Debes ser más lista que tu hermana. Lo mismo es eso lo que quiere, que estés aquí, calentándote la cabeza. —Comentó Sonia.

     —Entonces ¿voy? ¿Vamos?

     —Eh, eh, eh, ¡un momento! ¿Cómo que vamos? —Ay Coral…

     —¡Ya lo dije! Estamos todas invitadas. Así hacemos más bulto.

   —Nos quieres poco, muy poco —Lina se rió—. Lo siento —dijo cuando las tres nos quedamos mirándola—. De verdad que lo siento. —No podía parar de reír—. Es que… la situación es tan tonta. —Y venga la risa, contagiándonos a las demás.

¿Qué hacía, lloraba? No, ya lo había hecho bastante.

    —No sé si podré ir. —Sonia no podía hacerme eso.

    —Oye, no nos dejes tirada; o todas, o ninguna —hablaba de nuevo Coral.   

    —Prometí a las niñas que iríamos a esquiar este fin de semana.

    —Bueno, entonces mejor no insistir, que nuestras niñas son sagradas —Sonia tiene dos niñas maravillosas, de siete y once años y un marido encantador.

    —¿Por qué no llevas a alguien que te haga compañía? —La madre que parió a Coral.

    —Os llevo a vosotras, ¿no es suficiente?

    —No me refiero a compañía femenina —Coral alzaba las cejas y las bajaba con rapidez. Las tres la mirábamos—. ¿En serio? —Sus ocurrencias dan miedo—. Chicas, de verdad ¿eh? Compañía masculina.

    —Eso lo hemos entendido, cielo —Sonia aguantaba las ganas de reírse.

    —Pues ya está. Buscamos a un tío que se haga pasar por tu novio y que vean lo superado que tienes el tema de Borja.

    —¿Quieres que le de celos? Coral, por favor. —Yo no salía de mi asombro, aunque por un momento dudé.

Todas empezamos a reírnos.

    —Lo que se te ocurre a ti…, de verdad. —Y venga carcajadas.

    —Matarías dos pájaros de un tiro.  —Coral comenzó a indignarse—. Conozco a un tío que estaría disponible en poder ayudarte.

    —¿En serio crees que Macarena necesita un tío? Ella sola se basta y se sobra para dar a entender que lo tiene todo bajo control. —Sonia me miraba—. ¿O no?

Y no sé por qué, pero me quedé en silencio unos segundos.  

    —Sinceramente, me parece todo tan absurdo. Mi hermana se va a casar con el tío del que me enamoré hace unos meses.     —Tonterías, fue un capricho —¿Podía tener razón Sonia?  

    —¿Crees que le puso los cuernos a tu hermana contigo? —Coral soltó la misma pregunta que me había hecho yo tantas veces y creo que no fui la única. El silencio que se formó hizo demasiado ruido.

    —Pues no lo sé, pero… —No podía seguir pensando en el mismo tema—. Le enseñé una foto, mi hermana no mostró ningún signo de nada, solo indiferencia y un «muy mono, ¿en serio este chico se ha fijado en ti?» por su parte.

    —¿Y puede ser que Helena haya buscado a Borja para así demostrarte que ella consigue todo lo que se propone? —¿He dicho que mis amigas son escritoras? ¿Las tres? ¿No? Pues queda dicho. Ahora se entiende que la imaginación de cada una de ellas es nivel pro.

    —Podíais escribir algo sobre esto. Lo mismo se convierte un betseller de esos. —Y de nuevo risas—. Y quién me iba a mí a decir que terminaría escribiendo yo sobre mi propia vida. ¿La intención? Ninguna, creo que desahogarme. Porque, supuestamente, esto era para las recetas…

    —No, ahora en serio. ¿Cómo miramos a tu hermana ahora a la cara? —Lina…

    —¿Y eso a qué viene? ¿Cómo debemos mirarla? —Coral…

Sonia se mantenía al margen. Miraba su móvil. ¿Iría todo bien?

    —Ella sabe que os lo cuento todo. Así que con que seáis vosotras mismas, me vale.

    —¿Crees que irá la prensa? —Sonia por fin entró en la conversación.

    —Ni idea, me espero cualquier cosa. —El corazón me palpitaba con fuerza.

    —Fui una estúpida. ¿Quién se enamora en dos meses? —Mi ánimo decaía.

    —Pues cualquier chica que siente lo mismo que tú has sentido por él. —Qué bonita es mi Lina. 

    —Estoy deseando verle la cara a mi madre. —Reímos a carcajadas.

    —Espero que tu madre abra los ojos y que por fin vea que tu hermana es de carne y hueso y no de porcelana. —De nuevo Coral habla.

    —Eso ya está superado.

    —Pero y ¿Gustavo? Con lo serio que es… —Nos miramos las cuatro y volvemos a reír—. ¡Madre mía! —Me levanté para ir a la cocina a por unas cervezas y algo para picotear.

    —Yo a quien quiero ver es al morenazo empotrador. —Si Coral no dice algo así, definitivamente no es ella.

    —¡Coral!

    —¿Qué? No me puedo creer que ninguna quiera verlo después de todo lo que nos has contado.

    —No dejo de pensar qué coño es lo que tiene mi hermana en esa cabeza suya. —Y yo seguí ahí dándole al tema una y otra vez, una y otra vez.

    —¿Paja? —De nuevo Coral.

    —¿Películas de Disney? —Lina.

    —Está científicamente probado que las Neuronas se destruyen con rapidez a la hora de ingerir ciertas sustancias dañinas para el organismo. —Nos quedamos mirando a Sonia—. Que fijo que se droga o algo, porque yo tampoco me lo explico.

    —Pues lleva así desde que nació, así que no la veo yo…

    —A tu hermana le llevan faltando veranos desde que nació. —Reímos ante el comentario de Coral.

    —Chicas, yo os tengo que dejar que Erik ha preparado la cena y las niñas me están esperando para el beso de buenas noches. —Con la tontería, nos dieron casi las once.

    —Pues yo me quedo. —Coral se quitó las deportivas para acomodarse en el sofá.

    —Si me llevas a casa, yo también me quedo —Lina también se acomodó.

Y como las dos estaban ya en posición de no moverse, me encargué de acompañar a Sonia hasta la puerta.

    —Estate tranquila, neni. Y no debes preocuparte de nada en absoluto ni demostrarle nada a nadie que no seas tu misma.

    —Me da tanta rabia —me quejé, cómo no.

    —Con eso y con la pena, no se come, cielo.

    —Sinceramente, no sé cómo aguantas nuestras gilipolleces. Tú, una mujer de negocios, con una vida envidiable…

    —Eres tonta, muy tonta. ¿Qué tendrá eso que ver para que tenga unas amigas maravillosas?

    —Nooo, nada. Aún me pregunto qué fue lo que te atrajo de nosotras. —Los ojos verdes de Sonia se clavaron en los míos.

    —Vuestro corazón. Así que deja de preguntarte chorradas. Haré todo lo posible para estar el sábado allí junto a ti, ¿de acuerdo?

    —¿Y las niñas?

    —No te preocupes, ya te lo cobraré.

La abracé y le di un beso en la mejilla.

    —Eres un cielo —susurré a su oído.

    —Y tú otro, no lo olvides.

 

Entré al salón.

    —¿Pedimos algo para cenar? —Me hice un hueco en el sofá entre las dos.

    —Pues ya me encargué de llamar al Chineitor. —Coral acababa de dejar su móvil sobre la mesa.

    —Gracias chicas —las dos me miraron—, por estar siempre ahí aguantando mis dramas, mis gilipolleces, mis chorradas… 

    —A ver si te crees que la única con dramas eres tú, guapa. —Coral me abrazó primero y Lina no tardó en hacerlo dándome el abrazo más fuerte.

 

 

                                                                                      *****

 

 

Casi no pude pegar ojo pensando en la dichosa comida de las narices. Josep, mi compañero de trabajo y amigo, después de haber estado unos días de vacaciones, se acercó hasta mí con cara de cotilla.

    —Cuéntame que es lo que está ocurriendo. —Él es uno de los encargados en ayudarme en todo, es quien me suele sustituir cuando me voy de vacaciones y quien siempre está a mi lado.    —No sabes lo que te he echado de menos. —Lo abracé y cerré los ojos—. ¡Qué bien hueles, marica! ¿Colonia nueva?

 Suele desconectar el móvil cuando se marcha y no hay manera de mantener contacto con él.

    —Olvida mi colonia. Me he enterado de todo.

    —Pues sí que vuelan las noticias. ¿De qué es de lo que te has enterado realmente?

    —¿De qué tu hermana va a casarse? ¿Hay más? Suelta por esa boquita, que ya sabes que los chismes son lo mío; además, si tú me chivas, yo también haré lo mismo.

    —¿Pedimos el desayuno y nos vamos a mi despacho?

   —¡Uy que interesante se pone esto! —Josep nunca ha venido al trabajo con depresión pros-vacacional, al contrario, con ganas de enterarse de todo, así que no tardé en contarseloy mirarle después, esperando su opinión, algo impaciente.

    —De verdad que no sé cómo sigues aguantando a esa especie.

    —¿Y qué hago?

    —Desde luego dejar que se salga con la suya, no. Mira que es hija de puta. —Me lanzó una mirada de disculpa—. No lo digo por tu madre, ya me entiendes. —Asentí—. ¿Y no has pedido explicaciones al respecto?

    —¿Y qué crees que me van a decir?

    —¡Joder! No sé quién es peor, si tu hermana o ese… sinvergüenza. Que, por cierto, me han dicho que está como un quesito.

    —Un quesazo, Josep, ¡un quesazo!

    —Ahora te toca a ti rendir cuentas de lo que te has enterado.

    —No sé si hacerlo.

    —Hazlo —le miré con cara de asesina.

    —Me he enterado… —Puse los ojos en blanco—. Qué Helena está embarazada.

    —¿¡Qué!? ¿Quién te lo ha dicho?

    —Se comenta por toda la parcela cielo.

Me gusta juntar palabras y crear significados que pongan la piel de gallina

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