Fresas con Nata

Capítulo 4

Télefono móvil Imagen de Ramon López Calvo en Pixabay

Chismes

 

 

 

 

Inicié una conversación en el grupo de WhatsApp

 

Yo: Josep me ha contado que se está hablando que Helena está embarazada.

Josep: Menos mal que te dije que no te chivaras.

Coral: Jajajajajja, ¿en serio?

Sonia: ¡Por Dios!  Josep no le pongas peor de lo que ya está.

Josep: Lo siento chicas, pero no he podido evitarlo.

Lina: Pues ya te vale. ¿De parte de quién te has enterado?

Josep: Es lo que se comenta por toda la parcela. La hermana de la hija del jefe, está embarazada.

Sonia: De verdad, que lo de tu hermana no tiene nombre.

Yo: No olvidéis que es medio hermana.

Sonia: No digas tonterías, es tu hermana y punto.

Yo: Pues no lo parece, ¿se ha propuesto joderme la existencia?

Lina: Se jode ella misma y no a ti. No lo olvides y deja de pensar en el tema. Si quieres saber algo en concreto, llámala tú misma.

Coral: Eso, y luego de paso nos cuentas que te ha dicho.

Josep: Coral, te adoro.

Yo: Iros los dos a pastar por ahí. Os dejo, acaban de llamar a la puerta.

 

Y hablando de la reina de Roma, por la puerta asoma:

    —¿Puedo pasar? —No podía ni mirarla a los ojos sin tener ganas de matarla y mientras caminaba hasta mi mesa, me fijé en su tripa.

Dejé el móvil sobre la mesa.

    —No sé para qué preguntas, te ha dado tiempo a sentarte antes de saber si quiero o no que pases. —Intenté ignorarla, lo juro—. ¿Qué quieres?

    —Me encantan tus formas de recibirme últimamente.

    —Sí, sobre todo desde que estás con el tío con el que me lié en verano. —Se quedó callada, eso sí, con la barbilla bien levantada, no se le fuera a caer.

    —Cosas que pasan.

    —O cosas que se buscan, ¿no? —Aparté la pantalla del ordenador para mirarla fijamente a la cara—. Dime, ¿qué esperas obtener con todo esto?

    —¿Perdona?

    —¿Desde cuándo estáis juntos? ¿Fue casualidad vuestro encuentro? ¿Qué pasa? ¿Demasiado celosa de que un tío como él se fijase en mí?

    —¿Pero de qué hablas? —Y yo no dejaba de pensar en su dichoso comentario. «En serio, ¿este tío se ha fijado en ti?»—. Desde que tienes uso de razón te propusiste joderme.

    —¿Volvemos con el mismo tema de la infancia?

    —¡Vete a la mierda!

    —Vete tú. —Se puso de pie—. Visto tu trato recibido, tendré que pensarme si quiero que vengas a la comida. —Miró sus uñas—. Vendrá gente importante, he de dar alguna que otra noticia.

No pude remediarlo.

    —¿Qué estás embarazada, por ejemplo?

Y ¡zas! Silencio y confusión, mucha confusión por su parte.

    —¿Dónde has oído eso?

    —¿Qué pasa? —Me levanté despacio y comencé a acercarme a ella—. ¿Qué has visto que viene de buena familia? —No se me ocurría otra cosa—. ¿Por eso has decidido cazarlo?

    —No tienes ni idea de lo que ocurre. —Mi comentario le dolió.

    —Es verdad, al parecer…, no tengo idea de lo zorra que eres. Por eso estás sola, Helena, porque nadie puede estar a tu lado, echas a todo el mundo, eres envidiosa, te juntas por conveniencia y siempre te la das de lo que no eres.

    —No sabes nada de mí ni de mi vida. Nunca te has interesado en conocerme. Solo ves la parte superficial.

    —La única que tienes. Y ahora, si haces el favor, vete, no quiero volver a verte. Y por la comida, no te preocupes, no pienso ir.

No sé qué fue lo que más le fastidió, si decirle que no iba o que no fuese ella quién lo decidiese. 

    —Mejor. Vendrá la prensa y tú, en esos ambientes, no sueles encajar. Aunque… ¿qué dirán si no te encuentran allí? Podrán decir muchas cosas. Y a lo mejor terminas quedando como la celosa y envidiosa que eres delante de todo el mundo.

    —Ya sabes que yo nada más levantarme suelo echarme aceite —como dice mi amiga Julia—, así que, lo que opine la gente, me resbala, al igual que lo que opinas tú. —Me cagué en su madre que también era la mía.

Carraspeó y apretó los labios.

    —¿Vas a venir o no? —Puso los ojos en blanco—. ¿Vendrán tus amigas? —se cruzó de brazos.

    —¿Te aclaras?

    —Eres mi hermana, debes estar allí. ¿Qué dirá la familia?

Eso sí que no me lo esperaba.

Suspiré, suspiré para no decir todas las barbaridades que se me pasaban por la cabeza.

    —¿Qué familia? ¿La tuya o la mía? —No pude remediarlo—. Dime, ¿vendrá la familia de tu novio? —Reí rabiosa.

    —Ya lo descubrirás el sábado. —Se dio la vuelta—. ¿Vendrás con alguien? —Rió—. Ya sabes, ¿algún rollete? Sería curioso verte con un tío.

«Señor, dame paciencia»

Me la quede mirando.

Mordí mi lengua.

Y se marchó.

¡A tomar viento!

 

Conversación de WhatsApp:

 Yo: ¡La mato! ¡Yo la mato!

  Coral: ¿La que llamaba a la puerta era ella?

   Lina: ¡Qué pesada! ¿Qué quería?

   Sonia: Chicas, entro a la reunión, silencio el móvil y luego os leo.

   Yo: Pues no va y me dice qué si iré con alguien

   Lina: ¿No cuenta con nosotras? Que por mi bien, ya sabes 😒Tengo capítulos que escribir.

    Coral: Pues yo ahora quiero ir con más ganas.

    Yo: Primero me dice que se va a pensar si quiero que vaya y luego… ¿me pregunta si voy a ir con alguien, si vosotras vais a venir?

    Coral: Trata de marearte.

    Yo: ¿Y qué hago?

     Lina: No hacerle ni caso.

     Coral: Darle lo que quiere.

     Yo: ¿Y qué coño quiere?

     Coral: ¿Has pensado en mi proposición?

¿Decía la verdad…, o mejor me callaba y mentía?

      Yo: Sí, pero no.

       Coral: ¿Sí, pero no? ¿Y cómo se come eso?

      Lina: Hablando de comida, os dejo un rato, que mi madre acaba de llegar a casa y ha traído bizcocho.

    Coral: Dile que me traiga un trocito, ¡porfa!

     Lina: Valeeeee.

    Coral: ¿Te animas? Tengo su teléfono.

    Yo: ¿Quedaste alguna vez?

    Coral: No, pero lo he pedido por si cambiabas de idea.

    Yo: No he cambiado de idea.

Y Coral no tardó en llamar.

 

Cogí los cascos para así poder tener las manos libres y seguir haciendo cosas.

    —Estás loca —dije nada más descolgar mientras me levantaba para dejar un archivador en la estantería que tenía a la izquierda.

    —¡Piénsalo! ¿Quién tiene que saberlo? Me han dicho que está muy bueno y… que es muy discreto. Solo tienes que llamarle, concretar una cita antes para poneros de acuerdo y ya está.

    —¿De acuerdo en qué? ¿En la pasta?

     —Eso también. Pero tenéis que aclarar dónde os habéis conocido, cuánto tiempo lleváis juntos, etc.

    —No he dicho que sí vaya aceptar contratar a un tío. —Me acerqué hasta el ventanal que me daba la visión del recinto entero. Entre semana aquello se convertía en un ir y venir de gente, reuniones de empresa, etc.

    —Puedes llamarlo.

¡Joder! Al final, sin darme cuenta me lo estaba replanteando. ¿Pero cómo podía caer tan bajo, con lo que siempre fui? ¿Acaso la tontería con Borja me hizo tonta?

    —¿Quieres que hable yo con él primero? —Y Coral sabía perfectamente como persuadirme, cerré los ojos y suspiré,  terminaría saliéndose con la suya a pesar de tener una idea pésima.

    —No, lo haré yo. —Y caí.

    —Creo que está estudiando, así que insiste o déjale un mensaje para que te llame.

    —¿Y cómo se llama?

    —Creo que Jairo.

    —¿Crees? ¡Joder Coral! Al final termino metiéndome en un lío por tu culpa.

    —No seas boba. Estas cosas son más habituales de lo que crees. ¿O acaso crees que todos esos jefazos que van a comer a tu restaurante van con sus mujeres? ¿En serio?

 Empecé a dudar.

    —Pues como comprenderás, nunca me ha dado por preguntarle a alguna ¿oye, es tu marido ese que te acompaña o te paga por hacerlo? Esto va a terminar pareciendo a las cincuentas sombras de Grey, con contrato de por medio.

    —Pues ve redactando uno, porque las cosas deben dejarse claritas.

    —¿En serio?

    —Y tan en serio. Seguro que él te hará uno, está en juego su vida íntima, su integridad, a lo mejor no quiere que nadie se entere.

    —Pues quien te haya dado su número, se ha pasado el contrato por ahí abajo.

Reímos.

    —Es una chica de confianza, no hay problema.

    —En un día no da tiempo a redactar un contrato en condiciones.

    —Bueno, yo que tú, llamaba a tu gestor, que seguro que algo te prepara.

    —No sé porque siempre termino haciéndote caso.

    —Porque sabes que tengo razón.

    —Cuando las chicas se enteren…

    —Pues… no sé. ¿Quieres pedir consejo antes?

    —Me dirán que no.

    —Pues entonces… hazlo cuando ya lo tengas todo claro y hablado.

    —Vale. Ahora voy a comer, así que pásame el número del chico y que sepas que voy a matarte como esto no salga bien, lo redactaré en el contrato.

Se echó a reír.

    —Yo también voy a comer, la novela que estoy escribiendo se me está haciendo cuesta arriba.

    —¿Y eso?

    —Los personajes hacen lo que les da la gana.

    —Pues llama a Lina, que yo no puedo ayudarte.

    —Ahora mismo lo hago. Un beso mi zorri. Te quiero.

    —Y yo a ti.

Cuando colgué, me tiré a la silla. ¿En serio iba a hacer lo que iba a hacer? «Jairo» «Pensará que soy una desesperada»

 

No tardé en bajar hasta la cocina, donde Dolores, la cocinera, ya me tenía preparado el menú del día.

 

A las cinco de la tarde tenía previsto un pequeño encuentro con una pareja que había decidido casarse en el recinto. Ya en la mesa del comedor, acompañada por varios clientes, empecé a fijarme en algunos empresarios acompañados de algunas mujeres. ¿Serían chicas contratadas como había dicho Coral?

No dudé en observar todo a mi alrededor, la verdad es que pocas veces lo hacía. Me sentaba en mi rincón de siempre, comía todo lo deprisa que podía y me marchaba al despacho unos días. Otros me iba directa a casa a disfrutar de mi familia de cuatro patas.

Vi a mi padre sentarse en una de las mesas que llevaba rato observando. Charlaba animado y ni siquiera se dio cuenta de mi presencia. Estaba raro y sabía que mi hermana andaba detrás, como siempre. Nunca entendí por qué ella siempre se terminaba saliendo con la suya, vale que hicieses lo que quisiese con su padre, ¿pero con el mío?  Con el móvil en la mano mientras esperaba el postre, marqué el número que Coral me había pasado. Dudosa y con un tembleque, pulsé la tecla de llamada.

    —¿Sí? —no tardó en contestar. Yo me quedé muda—. ¿Hola?

    —¿Jairo? —Por fin salió mi voz.

El corazón me latía con fuerza.

    —¿Quién eres? —Eso, ¿quién era?

    —Verás, una amiga me ha proporcionado tu teléfono, necesito… —Silencio—. Necesito…

    —¿Qué me haga pasar por tu novio? ¿Por tu hijo? —«¿Por mi hijo?»—. ¿Acompañante? ¿Cómo puedo ayudarte?

Se me secó la maldita boca y pronto vi acercarse al camarero con mi postre. Josep venía detrás.

    —¿Puedo llamarte luego? —Sentí vergüenza y antes del que el chico me dijera un sí por respuesta, o un no, quién sabe, colgué.

    —¿Qué haces? —Josep se sentó a mi lado y el camarero dejó dos platos sobre la mesa. Me lo quedé mirando—. ¿Algo que deba saber y que no hayas dicho por WhatsApp?

    —Coral me llamó. —Aparté la mirada nerviosa y acerqué el plato; fresas con nata.

    —Vale. ¿Y?

    —Eres un cotilla.

    —¿Y?

    —No voy a decirte nada.

    —¿Qué es el rollo ese del acompañante? —Lo miré.

    —Coral quiere que contrate a un chico para que me acompañe a la comida.

    —¿Y lo harás?

    —No voy a contestarte.

    —Eso es un sí.

    —¿Sería una mala persona si lo hiciera?

Soltó una carcajada y alargó su mano hasta una de mis fresas.

    —¿Sería mala persona si te dijera que lo he hecho mil veces?

Abrí los ojos todo lo que pude.

    —¿En serio?

    —Claro, ¿por qué crees que Luismi volvió conmigo? Le di celos.

    —Mala persona no, pero un poco hijo puta sí que eres.

    —A ver… no hice nada malo. Solo le pedí a un chico que me acompañase, que se acercara más de la cuenta y Luismi, al verlo, se dio cuenta que me quería. Qué consté que lo sabe todo.

    —Vale, esa es una vez ¿y las otras 999? —Volvió a reírse.

    —Chica, es un trabajo como otro cualquiera.

 Abrí la boca.

    —¿Se prostituyen?

    —Si se lo pides, puede que sí. ¿Qué tiene de malo?

    —Me siento mal.

    —¿Quieres que se acueste contigo, que te haga guarradas?

    —Nooooo.

    —Entonces no te sientas mal. Llámalo, queda con él, da el visto bueno y tráelo a la comida.

Resoplé desesperada y apoyé la cabeza en mis manos.

    —¿Y qué gano con todo esto? Me parece una gilipollez.

    —¿Qué quieres conseguir, Maca?

    —No lo sé. ¿Nada? —Me tomé casi toda la nata con solo una fresa.

    —Pues ve pensándolo, porque por ahí viene, cuñado a la vista. —No supe a lo que se refería hasta que lo vi.

Hice ademán de levantarme, no quería verle la cara.

    —Os dejo, chicos. —Josep se levantó en cuanto él se acercó a la mesa.

¡Mierda!

    —¿Quieres algo?  —pregunté de malas formas—. Pedí al camarero más nata.

    —Necesito hablar contigo.

    —Creo que no tenemos nada de lo que hablar. —Al sentarse a mi lado pude observar que mi padre nos miraba.

    —No te he pedido que te sientes. —Volví a hacer amago de levantarme, pero me agarró. Un escalofrío recorrió mi cuerpo al sentirle.

 Cuántas veces me había tocado con esas manos.

 Quemaba.

Lo miré.

    —No me toques.

EL camarero apareció con un bol de nata.

    —Fresas con nata —dijo.

Volví a mirarle.

    —¿Qué?

    —Fresas con nata. —Sonrió de lado haciendo palpitar con fuerza mi corazón. Y entonces recordé a lo que se refería.

    —¡Olvídame! —Me levanté.

    —¡Maca, espera! —Él también, y no tardó el volver a cogerme del brazo.

    —Eres un maldito cabrón. —Mis ojos se humedecieron—. Te has aprovechado de mí. ¿Cómo tienes la cara de querer encima hablar conmigo?

Silencio, eso es lo que hubo.

Me marché y terminé encerrada en mi despacho.

Y lloré, lloré como una tonta metida en el baño sintiéndome una estúpida hasta que dio la hora en que tenía que continuar con mi trabajo.

Siempre llevaba conmigo un pequeño neceser y tuve que usarlo para dar una mejor impresión a los clientes que estaban a punto de llegar.  Tras maquillarme y ocultar los ojos hinchados, sonreí al espejo para engañar a la mente.

No os riais, lo leí en un artículo muy interesante.

 

*****

 

    —¡Buenas tardes! —Alargué el brazo para saludar al novio y le di dos besos a la novia.

    —Gracias por recibirnos a estas horas —dijo él con una sonrisa tímida en los labios.

    —Para eso estamos. ¿En qué puedo ayudaros? —Intenté sonreír todo el tiempo.

    —Nos gustaría poder… —empezó a hablar la chica.

    —Habla por ti, cariño —dijo él. Ella le lanzó una mirada asesina y casi se me escapó  la risa.

    —¿Qué es lo que te gustaría? —Me acerqué hasta ella e hice que me siguieran hasta un pequeño escenario que estaban preparando para el fin de semana.

    —¿Qué van a hacer aquí? —preguntó ella curiosa.

 Habían vestido las sillas de blanco con un lazo en la espalda, un altar de madera en forma de arco que sería adornado por flores frescas.

     —La novia siempre soñó con ser una de las protagonistas de una de sus películas favoritas. —Del tiempo que ha pasado, ya no recuerdo la película—. Ella solo nos dijo lo que quería y ¡voila! Se lo estamos preparando.

    —Me gustaría algo así —dijo ella emocionada—. ¿A ti no? —le preguntó a él.

    —Esto seguro que nos sale por una pasta. —Sonreí.

    —Bueno, esto entra dentro del precio. Vosotros podéis elegir el escenario que queráis para vuestra boda y nosotros solo cumplir con vuestros deseos.

    —Siempre soñé con una boda de princesas.

«¿En serio?»

    —Pues solo tienes que decir que tipo de princesa quieres ser y nosotros haremos el resto.

    —¿Podríamos imitar el escenario de un barco? —Miró a su futuro marido—. ¿Te imaginas cari?

    —No sería un barco de verdad. No hay mar.

    —Mirad, chicos. He traído algunas revistas de todos los escenarios en los que solemos trabajar y los testimonios de los novios que nos han querido dar una oportunidad para hacer sus sueños realidad.  —Les di a cada uno una.  Ella la cogió ilusionada, él, normal, como si nada.

    —Cariño, solo quiero casarme, una boda sencilla, con tu familia, la mía.

    —¿Podríamos traer a nuestros animales?

    —Sí, claro. Por supuesto. Si a vosotros no os supone ningún problema, a nosotros tampoco. Eso sí, lo único que pediría, a ser posible, es que los animales estuviesen controlados a la hora del coctel para que no hubiese ningún accidente con los camareros y que ellos no fuesen dañados.

    —¿Te imaginas con Bruni y Nicol aquí? —Ahora él sí que sonrió.

    —No sería una mala idea.

     —¿Tienes animales? —me preguntó la chica. Asentí—. ¿Y estás casada?—Me puse colorada como un tomate.

    —No.

    —¿Y el día que lo hagas, estarán presente?

    —La estás incomodando —dijo él.

    —No pasa nada por preguntar un poco. Además, seguro que lo hace pronto, tiene cara de enamorada.

     —Bueno —bajé la voz—, tengo un perro llamado Chuche —los dos se rieron. —, que para mí es como una niña; y luego mi gata Misi. A ella no sé si la podría traer, porque se pone nerviosa cuando hay gente. Pero sí que me gustaría que estuvieran delante ese día.

     —¿Qué escenario elegirías de todos los que aquí ofrecéis?

    —Bueno… — «¡Venga Maca, tu puedes!» «Olvida quién eres» «Saca lo mejor de ti»—. Si os soy sincera, el mejor escenario que podría tener sería un sitio tranquilo, normal. Con la música de la naturaleza de fondo, con el murmullo de las personas que nos acompañasen.

    —He leído que tenéis una pequeña fuente que hace de cascada.

    —Sí, es uno de los más elegidos para los novios.

    —¿Podrías enseñárnoslo?

    —¿Queréis ver un sitio aún mejor y que está por construirse? —Los dos asintieron—. Seréis los más privilegiados, pero ya que me habéis preguntado que escenario elegiría, os voy a llevar hasta él.

Aquello aún estaba por crearse, pero de ante mano sabía que sería un lugar espectacular. Trabajé mucho con Gustavo para su creación por primera vez, alguien me hizo partícipe de este magnífico proyecto y no podía sentirme más orgullosa.

    —Aquí aún no hay nada —dijo la chica aferrándose al brazo de su novio.

    —Como ya os dije, aún está por construir. Pero…, ¿quién no ha imaginado nunca casarse en un bosque rodeado de naturaleza? —Los dos me miraron como si estuviese diciendo algo raro—. Habrá árboles, plantas con distintas flores cada una, habrá pájaros que adornen la estancia. Un pequeño estanque donde una cascada dará vida al lugar.

    —Suena muy bonito. ¿Esto también entraría en el precio?

    —Claro.

    —Eso sería ideal —dijo alegre la chica dando palmadas—. Aquí los perros se lo pasarían pipa.

 Para los niños haríamos una zona solo ambientado para ellos con cuidadores.

    —Suena muy bien. ¿Y para cuándo estaría?

    —En breve se iniciaría la obra. Y creo que para la fecha —miré la fecha programada para el día de su boda— estaría más que disponible, seríais los primeros en estrenarla.

    —¿Y si hay algún problema? —comentó él. —Necesitamos estar seguros, ¿y si la obra se retrasara? —El chico se quedó mirando a alguien que debía acercarse. Al momento, ella también y entonces, su olor me envolvió entera.

    —¿Interrumpo?  —Supo que no perdería las formas delante de los clientes.

    —Estoy enseñando a Eva y a Gabriel las instalaciones. —Tuve que mirarle. Solo rezaba para que mi cara no fuera todo un poema y me delatara.

    —¿Trabajas aquí? —preguntó Gabriel a Borja.

    —Soy un amigo de la familia. —Maldita la hora en la que me enamoré de su sonrisa.

    —¿Ya os ha hablado de este sitio? ¿Qué os ha parecido?

    —Es muy alentador y la idea creo que nos gusta mucho a los dos. —Miró a su futura esposa—. Pero ¿y si las obras se retrasan?

    —Es una probabilidad, pero por suerte seguro que Macarena os tendría un escenario muy parecido. —Le hablé tanto de la pasión que le pongo a mi trabajo que me asombraba que aún lo recordase, que me escuchase.

Me sentía mucho más confundida.

Tras una breve charla y llegar a un pequeño acuerdo, la reunión se dio por finalizada a la espera de un sí rotundo.

    —Eres un desgraciado —le dije en cuanto estuvimos solos—. Sabías que estaba reunida. ¿A qué has venido?

    —No me iré hasta que no me escuches.

    —Mi hermana te debe estar esperando. Además, seguro que tras el embarazo, te necesita más que nunca.

Y ese maldito silencio se adueñó de él.

Dispuesta a marcharme, interrumpió mi paso colocándose delante de mí. Cerca, muy cerca.

    —No pierdas el tiempo. No tienes nada de lo que hablar, ni explicar. No te estoy pidiendo otra cosa que no sea que me dejes tranquila.

    —¿Ya me has olvidado? —¿Encima tenía la osadía de preguntarme?

  Reí sin ganas.

    —Tienes más cara que espalda. ¿Cómo te atreves a hacerme a mí esa pregunta?

    —Yo no he podido dejar de pensar en ti.

    —Sí, claro, por eso resulta que vas a casarte con mi hermana y tener un hijo. ¡Joder! Pues sí que te ha dado tiempo a todo. —Tragué saliva—. Dime una cosa. ¿Engañaste a mi hermana conmigo? ¿Ella lo sabe? ¿O todo fue de improvisto y has vivido con ella todo este tiempo para querer ir tan deprisa?

    —A veces las cosas se complican, aunque uno no quiera. —Y venga acercarse a mí.

    —Y otras, uno se busca las complicaciones.

    —Fue verdad todo lo que sentí en la playa.

    —No sigas mintiendo, empeorarás las cosas. —Ni siquiera sé porqué seguía hablando con él.

    —Hueles a fresas con nata. —Y me besó.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Me gusta juntar palabras y crear significados que pongan la piel de gallina

5 Comentarios

  • Bea Pe

    Esto se pone cada vez más interesante. Qué explicación tendrá para darle a Maca? Habrá una buena razón para estar con la hermana o es un sinvergüenza? Se decidirá Maca a volver a llamar a Jairo?
    Ya quiero que me cuentes más!

  • Ines

    Ay por Dios!!!!, especulo veinte mil cosas!!!!!
    Será tan mala la hermana?, será que esta embarazada y ese bebé no es de Borja?, será que Borja lo sabe pero por alguna razón en común siguen adelante con esa farsa?, será que tengo demasiada imaginación???
    Espero ansiosa el siguiente capituló, no demores Coraaaaaal!!!!!! Plischu

  • Carmen Pilar

    😭quiero másssssssss. Hay la hermanita que tonta el culo. Que Jairo sea súper estupendo y se la gane para darle a ambos en los ojos. 🤦🏻‍♀️🤦🏻‍♀️🤦🏻‍♀️amos amos y amos que casualidad que el amor de su vida y la repelente estén juntos. O no es tan mala y le está preparando el reencuentro y el le sigue el juego. O es para no mirarle a ninguno en lo que le quede de vida

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